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Si
una ventaja tiene la cirugía plástica sobre las demás cirugías
es que los pacientes, en su gran mayoría, son sanos, es decir, no poseen
una patología de base, sino una malformación, deformidad, o deseo
de mejorar.
Es bien sabido que el riesgo anestésico es proporcional a la gravedad
de la enfermedad que el paciente posee cuando va a ser intervenido. En Cirugía
Plástica, como en cualquier otra especialidad quirúrgica, antes
de toda cirugía se efectúa un estudio minucioso del paciente para
conocer cualquier factor que aumente los riesgos de la intervención. Análisis
completo de sangre y de orina, pruebas de coagulación, radiografía
de tórax, E.C.G y examen cardiológico son las pruebas básicas,
a las que se le añade un cuestionario sobre los antecedentes médicos,
personales y familiares, intervenciones previas, alergias, medicinas que utiliza,
etc.
La máxima seguridad se alcanza cuando el equipo está constituido
por profesionales adecuadamente entrenados y que siguen cuidadosamente todas las
normas establecidas para evitar los accidentes. En caso de que estos ocurran lo
más importante es que la respuesta sea rápida y efectiva gracias
a que se hayan previsto de antemano todos los posibles percances, y, todavía
más importante, que exista una vigilancia continua del paciente por parte
del anestesista, responsable, al fin y al cabo, del control del paciente durante
el tiempo quirúrgico. 
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